jueves, 26 de septiembre de 2019

LA ASAMBLEA


Las rutinas escolares en Educación Infantil son la base metodológica, psicológica, afectiva y social para la estructuración de una jornada escolar. A través de ellas se trabajarán los distintos contenidos y objetivos para el desarrollo de las diferentes capacidades. Pues bien, una de estas rutinas, quizás de las más importantes, es la de la Asamblea, por la cantidad de tareas que se realizan en ella y por la importancia de las mismas.
La asamblea, en educación infantil se define como un “momento de encuentro” cuyo motor es la conversación.

¿Cuándo y dónde se realiza?
Cuando llegamos por la mañana, lo primero que hacen los niños es jugar un ratito con sus compañeros, interaccionan y se van dando la bienvenida en el nuevo día en el cole.
Tras ese ratito nos reunimos en el rincón de la asamblea o de los buenos días. Todos nos sentamos, ellos en la colchoneta en torno a la seño, que se sentará en una sillita, para estar a su altura poder mantener una mirada a los ojos mientras se realiza la actividad. En ese rincón encontramos el mural de la asamblea.

¿Qué se hace en ella?
Esta actividad se inicia con la canción de buenos días“Sal solito”:
“Sal solito, caliéntame un poquito. 
Para hoy, para mañana,
para toda la semana:
lunes, martes, miércoles,
jueves, viernes, sábado y domingo.”
(Canción que se reforzará en lengua de signos.)

El mural de la asamblea, marcará la rutina de la actividad. Primero vemos qué niños han venido al colegio y ponemos su foto en el cole, si alguno está malito, y no ha venido, ponemos su foto en la casita que hay junto al colegio.
Después vemos qué tiempo hace y lo marcamos en la “ruleta del tiempo”.
Y por último hablamos de la estación en la que estamos y decimos una rima o poesía referida a ella.

Aprovechamos, antes de levantarnos, y ya que esta es la actividad que precede a la ficha, hablamos un poco de ella en el corro. Si vamos a hacer una ficha de el círculo hablaremos de qué cosas conocemos con forma de círculo; si es sobre colorear unas botas catiuscas, hablaremos sobre la ropa de otoño, etc.
La duración de la sesión dependerá del interés mostrado por el grupo con el que se trabaja y según como respondan. Es importante y muy difícil mantener la atención. Una duración media puede ser entre diez y quince minutos. 
Debe ser flexible y adaptativa al grupo que va dirigido para fomentar la participación de los niños. La rigidez no funciona. Por tanto, dejar que los niños se expresen y participen espontáneamente y trazar una estrategia de conversación para provocarlo.

¿Qué beneficios tiene?
La asamblea nos  sirve para desarrollar los siguientes ámbitos:
ü El Lingüístico:
La asamblea es uno de los momentos en los que se potencia el desarrollo lingüístico de nuestros alumnos, pues se les da la oportunidad de hablar, de expresar sus necesidades y sentimientos.  También se adquiere y amplia vocabulario.
 Por otro lado, ayuda a superar la timidez poco a poco, sobre todo la que a algunos les impide al principio hablar en público.
Otro objetivo educativo, de los más importantes, que trabajamos en la asamblea es la obtención de normas comunicativas, como respetar el turno de palabra y escuchar a los compañeros.

ü En cuanto al desarrollo Social:
La asamblea constituye uno de los momentos en los que más se fomenta la socialización a lo largo de la jornada, ya que en ella se potencia el compañerismo, la amistad, la solidaridad, el respeto y la socialización. Todo ello, basado en el fomento del sentimiento de pertenencia a un grupo, un grupo de iguales. En ella, además, se consiguen lazos de unión de la maestra con los alumnos, y también entre los iguales.
En definitiva, en la asamblea pretendemos que los niños y niñas se relacionen con sus compañeros de forma positiva, esto implica la construcción de su autoconcepto y su autoestima de manera positiva también, reforzando siempre las normas de convivencia.

ü  En cuanto a lo Cognitivo:
Es un momento ideal para indagar sobre los conocimientos previos que tienen los niños sobre un tema o concepto, para saber de qué nivel tenemos que partir en el desarrollo y trabajo de las actividades. Además, en ella se fomenta el desarrollo del pensamiento del niño/a, se realizan muchos aprendizajes relacionados con los centros de interés o unidad didáctica que estemos trabajando, adquiriendo conceptos básicos, números, abecedario, colores, etc.
Otro de los beneficios que nos regala la asamblea es que en ella se desarrolla la atención, consiguiendo cada vez periodos más prolongados de la misma, y la observación.
Y, no debemos olvidar, que también se potencia la memoria del niño, a través de la repetición de rimas, poesías y canciones que el niño acaba aprendiendo.




martes, 17 de septiembre de 2019

LAS RABIETAS


Las  rabietas son episodios en los que los  niños empiezan a  llorar  de forma más o menos descontrolada, emiten gritos, patalean, etc.. Son la manifestación de ira o frustración a situaciones que el niño no es capaz de controlar. Aparecen alrededor del año (puede ser unos meses antes) y son más frecuentes entre los 2 y 4 años, etapa en la que empiezan a desarrollar su propia independencia y ya no aceptan tan fácilmente el control que ejercen los demás sobre su vida o los límites que les imponen los padres.
Es una etapa que el niño tendrá que pasar, y es saludable, porque indica que está formando su propia personalidad. La clave está en saber manejar las rabietas para que el niño no las utilice para influenciar a los padres o para conseguir determinadas cosas.
Foto: fuente "EL PAÍS"
Por eso, no queda otra que armarse de mucha paciencia y seguir algunos consejos como quitar de su vista las cosas que no puede tocar, para no tener que estar diciéndoles “eso no” a cada rato. Darles la posibilidad de hacer pequeñas elecciones como “¿prefieres comer patatas o espinacas?”. Y fundamental, poner pautas claras, “no” significa “no”, no “tal vez” y no un “hoy no, pero mañana sí”.

¿QUÉ HACER?

     Mientras dura la rabieta es una situación bastante estresante tanto para el niño como para los padres, y es totalmente inútil intentar convencerlos de algo en ese momento. Lo mejor es esperar que se les pase el berrinche sin rechazarlos y luego dar explicaciones. Dejarles su espacio hasta que se le pase, pero que no se sientan ignorados.
Si no se logra controlar la rabieta, y la situación lo permite, se puede adoptar una actitud de indiferencia y hacer como que se ignora la conducta del niño, para lo cual no debe manifestarse enfado, ni deben hacerse promesas o proferir amenazas. Porque el niño, con la rabieta, pretende llamar la atención y si hacemos todo eso, aunque no consiga aquello que motivó el berrinche, de algún modo habrá salido ganando y, sin querer, podemos reforzar ese comportamiento, o sea, le "enseñaremos" a tener más rabietas.
Es muy importante perseverar en la decisión adoptada hasta el final, hasta sus últimas consecuencias. Por ejemplo, si se ha decidido que aquello que el niño pide es inadecuado, los padres se mantendrán firmes en su decisión con independencia de las respuestas del niño.
No tratéis de razonar con vuestro hijo. Simplemente decidle: "Veo que estás muy enfadado, te dejaré solo hasta que te calmes”. Dejad que el niño recupere el control. Después de la rabieta, asumid una actitud amistosa y tratad de normalizar las cosas.
A veces es difícil, pero se debe crear un clima de tranquilidad en torno a la situación, es decir, mantener la calma y el control. No regañar, ni gritar al niño porque, además de no solucionar nada, genera más inseguridad y constituye un mal ejemplo. Evitad pegarle porque esto indica al niño que has perdido el control. Tampoco hay que intentar razonar con el niño, porque en ese momento no nos escuchará. El niño no debe percibir que su conducta altera a sus padres, que les incomoda, que existe una discordancia entre lo que sienten y lo que dicen. No podemos enfadarnos y, gritando, aclararle: “¡no me importa cómo te pongas, así no vas a conseguir nada!”; porque estamos mostrando que “algo” sí ha conseguido.
Por supuesto, no debe concedérsele lo que quería, para no reforzar su conducta, como tampoco conviene ofrecer premios o recompensas para que abandone su rabieta.
Para las rabietas de tipo perturbador o destructivo, utilizad suspensiones temporales. Algunas veces las rabietas son demasiado perturbadoras o agresivas para que los padres las pasen por alto: Se cuelga de nosotros, nos pega, tiene una rabieta en un lugar público, rompe cosas... Sujetad al niño cuando tenga rabietas en las que podría causar daño o lastimarse.
Una vez que se ha pasado el berrinche, no se le debe castigar ni gritar, sino darle seguridad y afecto, pero sin mimarle en exceso ni darle ningún tipo de premio, explicándole lo inadecuado de su comportamiento. Tampoco se debe hablar  de la rabieta una vez terminada. Si se hacen comentarios del tipo “y a ver si hoy no montas el número en el supermercado”, lo único que hacen es animarle. Y los comentarios posteriores sólo sirven para que el niño se dé cuenta de hasta que punto os ha afectado su conducta.     

ESTRATEGIAS PARA  EVITAR LAS RABIETAS

·   Poner la casa «a prueba de niños», con objeto de reducir el número de ocasiones en que los padres se ven obligados a decir que «no». Intentar evitar las situaciones y circunstancias que puedan ser fuente de frustración o facilitar la aparición de rabietas, como hambre, sueño, etc.
·   Permitir que los niños pequeños realicen pequeñas elecciones frecuentes, todas dentro del terreno de lo aceptable (p. ej., «¿Quieres tomarte la leche en el vaso azul o en el rojo?»). Siempre que sea posible, ofrecer al niño la posibilidad de elegir entre varias opciones disponibles.
·   Limitar las frustraciones atendiendo al temperamento del niño y sus ritmos: entendemos que si nuestro hijo es muy nervioso necesitará correr cada día, o si se pone de muy mal humor cuando tiene hambre intentad evitarlo.
·   Los niños tienden a tener más rabietas cuando están cansados (por ejemplo, cuando no han dormido la siesta), porque son menos capaces de hacer frente a las situaciones frustrantes. En estas ocasiones, haga que su hijo se acueste. El hambre puede contribuir a las rabietas. Las rabietas también aumentan durante una enfermedad.
·   Avisar al niño con tiempo. Algunas de estas rabietas pueden ser prevenidas dándole a su hijo una advertencia con 5 minutos de anticipación, en vez de pedirle de repente que deje inmediatamente de hacer lo que está haciendo.
·   La negativa debe ser irrevocable. Muchos padres dicen «no» cuando realmente quieren decir «me parece que no». Cuando el niño protesta suficientemente, el padre o la madre cede, recompensando con ello la rabieta. Los niños rápidamente distinguen entre los «NOes» duros («No se juega con los cuchillos») y los «NOes» blandos («no hay galletas antes de cenar») y rara vez sufren rabietas a causa de los primeros. Es importante establecer normas razonables, claras y coherentes y no cambiarlas, para que el niño conozca perfectamente donde están sus límites. Esto es absolutamente clave: el que algo se pueda o no se pueda hacer, no debe depender del humor que tengan en ese momento los padres. Las reglas deber ser siempre las mismas y también independientemente de que quien esté en ese momento al cuidado sea el padre o la madre.


 



viernes, 9 de agosto de 2019

LOS HÁBITOS

   [...] Los hábitos son pautas estables de comportamiento que les ayudan a organizarse. Son conductas que repetimos muchas veces hasta que llegan  a formar parte de nuestras actividades diarias. Es decir, los hábitos, después de cierto tiempo, se automatizan

   ¿Por qué es importante crear hábitos en los niños? 
   En primer lugar, los hábitos les permiten desarrollar conductas de autonomía. Y sentirse autónomo, además de incidencia positiva en su autoconcepto y autoestima, les ayuda a establecer relaciones más efectivas con los demás, ya sean adultos -padres o profesores- o iguales.
Los hábitos proporcionan a los niños formas adecuadas de comportamiento que les permitirán relacionarse de una manera más eficaz con los demás. Vienen a ser como los cimientos  desde los cuales adquirir los nuevos aprendizajes. Nos ayudan a estructurar y  organizar la vida cotidiana, determinando qué es lo que hay que hacer en cada momento. En definitiva, los hábitos dan seguridad y confianza.  [...]
    Enseñar hábitos es una tarea enormemente compleja, porque nuestros hijos tienen su personalidad, su particular forma de ser.  Cuando uno está forjando su personalidad siente una gran curiosidad por conocer sus propios límites, y una buena forma de descubrirlos es desafiando y echando pulsos a los padres. Se trata de una manera de decir "aquí estoy yo".

   [...] Cuando se educa en hábitos, es preciso enseñar a obedecer.   [...]

   Enseñar a obedecer no es enseñar a nuestros hijos a responder inmediatamente a aquello que les solicitamos: enseñar a obedecer es hacerles ver que el mundo en el que vivimos está regulado por normas, y que su incumplimiento trae consecuencias. Por tanto, es necesario que existan las normas claras, razonables, y adecuadas a las diferentes edades. Y también es preciso que conozcan cuáles son las consecuencias si las incumplen. Y que tengan la certeza de que siempre que se incumplan las normas van a tener que afrontar las consecuencias


Fragmento extraído del libro:
"Cómo sobrevivir a los suspensos de tus hijos", de Carlos Pajuelo. (Ed. Espasa)

lunes, 29 de julio de 2019

EL PERIODO DE ADAPTACIÓN

     El periodo de adaptación corresponde al proceso de transición mediante el cual el bebé o el niño debe abandonar su entorno familiar, que le proporcionaba seguridad y confianza, para ir descubriendo y adaptándose progresivamente a un nuevo medio desconocido: el cetro de educación infantil.
     Dicho periodo consiste en establecer jornadas breves de asistencia al centro, para que los niños se habitúen progresivamente al nuevo espacio. Durante los primeros días, se establecen de 2 a 4 horas de interacción en la escuela. A medida que  el niño se adapta, se van aumentando las horas de la jornada. Por lo general, este periodo abarca las dos primeras semanas de clase. En este periodo de tiempo el niño aprenderá a reconocer a sus profesoras, sus compañeros y su espacio de trabajo. También su humor irá mejorando. No obstante, variará en función de las circunstancias personales de cada niño.

    ¿Por qué es importante este periodo?
    - Contribuye a generar confianza entre el niño y sus nuevos profesores.
  - La ansiedad provocada por los nuevos estímulos se va controlando progresivamente. Para los pequeños todo es nuevo: el aula, las maestras, los juguetes, los compañeros, etc. Para familiarizarse con todo eso necesitan tiempo.  
   - Ayuda a disminuir el sentimiento de abandono en el niño. Las jornadas re
ducidas acortan el tiempo de espera en los pequeños. De esta forma, pueden ver a sus padres antes de lo esperado.
    - Cumplir con un buen periodo de adaptación crea un vínculo positivo entre el niño y la escuela.

    ¿Cómo pueden los adultos ayudar a sus hijos en este proceso?
    Es habitual  que los padres sientan temor, ansiedad, inseguridad y sentimientos de culpa por la separación. Pero sería importante que, en la medida de sus posibilidades, trabajen estos sentimientos antes para que con su actitud puedan, en ese momento, transmitir seguridad y confianza. Además, para ayudar a sus hijos en este proceso, los adultos deben tener en cuenta aspectos tales como:
  • Intentar no introducir cambios nuevos en esta etapa, como quitar el chupete o los pañales, cambiarlo de habitación, etc.
  • Preparar psicologicamente a los niños desde casa. Hablarles positivamente de la escuela y dialogar sobre lo que allí aprenden, de su profesora, de los amiguitos que va a hacer... es una buena estrategia. Responder a sus inquietudes minimizará el rechazo a lo desconocido.
  • Despedidas cortas. Prolongar la despedida solo ayudará  a aumentar la ansiedad del niño. Los padres deben evitar los abrazos largos y las explicaciones largas. Un beso en la mejilla y unas palabras de confianza debe ser suficiente. Nunca debemos desaparecer por arte de magia. 
  • Hay que transmitir seguridad y confianza. Si ven que los padres dudan o sienten miedo a la separación lo pasarán peor. 
  • Reconocer el esfuerzo de los hijos. Durante este tiempo, se deben valorar sus avances.
  • Es normal que los primeros días  quieran llevarse un objeto de casa, para que les de seguridad.
  • No perder la continuidad en la asistencia. 
    ¿Qué dificultades pueden presentarse en este periodo?
   Este periodo puede traer aparejados cambios de  conducta en los niños. No todos se manifiestan de la misma forma. La mayoría llora, otros no, algunos se mantienen aislados, expectantes, como observadores silenciosos, y otros, después del primer impacto, se distraen y participan de las actividades que se les ofrecen.
    En poco tiempo veremos lo bien que se adapta. Notaremos que está adaptado cuando se sienta lo bastante seguro como para mostrar su mundo emocional, para dar y aceptar afecto y para intercambiar experiencias. Algunos niños presentan problemas asociados a esta etapa como alteración del sueño o falta de apetito. Hay tantas reacciones como niños, y cada niño a su vez va modificando y variando sus manifestaciones a lo largo del proceso de adaptación. Suele ser algo pasajero y se soluciona con cariño y comprensión.

   ¿En cuánto tiempo debe lograrse la adaptación?
    La capacidad que tienen los niños para integrarse a un entorno y hábitos nuevos depende de su forma de ser. Por eso, el tiempo que debe durar el periodo de adaptación son relativos a la historia personal y social de cada niño, y es importante respetarlos individualmente. No debe perderse de vista que el periodo de adaptación es eso, un periodo, no es para siempre.